lunes, 17 de octubre de 2016

Obelisco plaza la merced


        PLAZA LA MERCED

 


Este lugar se apunta, según algunas teorías, como el hipotético emplazamiento de un supuesto anfiteatro o un gimnasio de la época romana, aunque no existen hasta el momento evidencias arqueológicas concluyentes.

 La primigenia plaza fue una explanada extramuros que tras la conquista cristiana pasó a albergar un mercado, de donde recibió el nombre de Plaza del Mercado. Más adelante se denominó Plaza de Riego, en memoria del general liberal del siglo XIX, que vivió en la plaza. En este siglo se convirtió en un lugar de esparcimiento para los burgueses. Por entonces tenía una fuente en el centro, que fue suplantada por el neoclásico obelisco de Torrijos en 1842, obra de Rafael Mitjana.


Al noroeste de la plaza estuvo la Iglesia y Convento de Nuestra Señora de la Merced, erigida en 1507 y ampliada en el siglo XVIII, que ardió con la quema de conventos de 1931 y fue demolida en 1964 para construir un su lugar un bloque de viviendas.2 A mediados del siglo XX en este iglesia en ruinas ocurrieron unos sucesos religiosos de índole iluminista con una congregación de irregularidad canónica denominada vulgarmente como "Las Hipolitinas".3 La plaza fue reformada en 1857, en 1988 y de nuevo en 2011, conservando su imagen decimonónica.

 

viernes, 14 de octubre de 2016

Plaza de la Merced

Plaza de la Merced
La Plaza de la Merced es una plaza situada en el barrio homónimo de la ciudad española de Málaga.
Se trata de una de las principales plazas del centro de la ciudad, donde se desarrollan habitualmente actos y festivales. En la plaza están situados el obelisco en homenaje al General Torrijos y la casa natal de Picasso, sede de la Fundación Picasso Museo Casa Natal.
Conocida también con otros nombres como plaza del Mercado o de Riego es una de las plazas más bellas de la ciudad. En su centro se encuentra el Monumento a Torrijos, representado por un gran obelisco que caracteriza esta plaza.
 Siendo, en el Siglo XV, mercado público, y lugar de ocio y esparcimiento para los burgueses de finales del XIX, el sonido de las campanas de la iglesia de la Merced, junto a la casa natal de Picasso, tuvo como testigos a un mosaico de tipos populares de los que el genial artista, con el paso del tiempo, se hizo eco.
Paveros, vendedores de leche con sus hatos de cabras, de caramelos, biznagas y confituras, guitarreros, criadas y soldados, giraban en torno al monolito que, desde 1842, se alza en el centro arbolado de la Plaza en homenaje al general Torrijos, cuyos lemas de libertad y justicia fueron el referente de aquel niño llamado Pablo Ruiz Picasso.

Y no podríamos olvidar que en este entorno, aún hoy, como entonces, vuelan las palomas como el símbolo de los paradigmas anunciados en el cenotafio del militar caído. Son las palomas que Picasso, desde su infancia, y hasta su muerte, pintó - desde las manos de su padre - como el emblema perenne y mítico de su dilatada obra.

Barco gaona


Sin duda, la vida de este precioso barco ha sido agitada: los primeros documentos que lo mencionan son de 1792 cuando ya servía de prácticas a los futuros pilotos de barcos del Real Colegio de San Telmo (actual Colegio de Prácticas Número 1 y el Ateneo), una institución militar para huérfanos. En 1847 el colegio se clausura y la enseñanza de Náutica, barco incluido, pasa al Instituto Gaona, abierto un año antes. Pero la maqueta navegará de nuevo por la calle Compañía de 1858 a 1869 cuando vuelve a abrirse la Escuela Náutica de San Telmo durante esa década. Tras este intervalo regresa al Gaona y los alumnos lo utilizan hasta 1924, año en que se clausuran para siempre estos estudios.
A partir de ahí el ostracismo: el barco permanece arrumbado y olvidado en un semisótano del instituto hasta que en 1981 unas estudiantes lo descubren por casualidad. La Liga Naval lo restaura durante años en la Comandancia de Marina; el San Telmo de nuevo regresa al Gaona y el Ayuntamiento, en 1998, decide restaurarlo a fondo, a cambio de que permanezca unos años en el nuevo Museo de Gibralfaro pero sin la arboladura. «Estaba en una vitrina cerrada pero no cabía la arboladura, parecía un bote curioso», cuenta el historiador.
Y fue casualidad, pero finalmente el San Telmo volvió a atracar en el Instituto Gaona el pasado 27 de mayo, día de San Felipe Neri (los filipenses fueron los primeros propietarios del Gaona, entonces una escuela de estudios). La empresa Quibla Restaura, que ya se encargó de la restauración del 98, repite lo mismo 17 años después, de la mano de Joaquín Gallego. «Ha consistido prácticamente en un mantenimiento, en reparar pequeños desperfectos», resume el historiador.
La restauración está casi lista y sólo falta por ensamblar el tercero de los palos (el de mesana) y terminar de colocar las jarcias, la intrincada red de cuerdas con nudos marineros.
En cuanto a las características del barco, se trata de una corbeta de pozo por el número de cañones –la escuela primitiva era militar– y porque estos están en la cubierta. Y aunque no se conservan los cañones, el investigador y maquetista Antonio Lara ha realizado uno a medida para la muestra.